En un lugar de la
mancha, entre coños, ostias, venga y tios me reporto a uds con noticias de lo
que hasta ahora es una maravillosa experiencia.
Después de tanto
esperar y echarle madrasos a todos los retrasos y retrasantes de mi
viaje, les puedo decir que valió la pena la espera: desde que
puse rabo en mi silla ejecutiva del avión, sentada al lado de un bizcocho el
cual me derramo en dos ocasiones el contenido de su bebida, acción que aunque
rompió el hielo para la conversa, opte por tomarme mi pastillita milagrosa y me
eche a dormir por varias horas. Cuando desperté ya me encontraba aterrizando a
mi nueva vida.
Tome el taxi que
empezó con la tarifa mínima de 20 euros, llegue al apartamento el cual usare
por unas semanas hasta que consiga lugar propio. El wachiman mono y majo me
abrió la puerta a un lugar bastante pispirispis, desempaque mis corotos y me
eche a dormir, para estar descansada y sin ojeras para reportarme a mi primer
día de trabajo.
14 horas después,
a las 2am ya tenia el ojo pelado, asi que mire el discovery channel traducido
con acento que sonaba al disco de cuentos infantiles que escuchábamos cuando
niñas en español bien hablao…de la madre patria. A una hora prudente,
empecé a arreglarme por lo que me da mas brega… el cabello, uds ya saben.
Con el bolate del
trasteo ( el 31) y de la empacada para el viaje (el 1ro), con Halloween
en medio y por ende la disfrazada y rumbiada, se me olvido empacar el adaptador
para enchufar la plancha del cabello y productos para ayudar a la manejabilidad
del mismo…tuve que improvisar. Por otro lado, opte por ponerme los tacones,
aquellos solo aptos para sentarse a ver televisión, y lucir mi chaqueta
preferida la cual no abriga pero se ve lindísima.
Con las
instrucciones de como tomar el metro, a eso de las 630am, eche calle, todavía
oscuras y bastante frías. Camine varias cuadras, baje y subí varias escaleras,
me metí en varios trenes, me empujaron y empuje varias personas y por fin salí
en la estación final del trayecto. Allí mire al horizonte y vi aquel edificio
alto, moderno he imponente: CEPSA, lo reconocí de inmediato puesto que lo había
ya gugoliado varias veces durante los meses de espera.
Despelucada,
con varias pestanas postizas fuera de lugar (no pregunten), morada del
frio y en lugar de pies: ñocos a carne viva, llegue por fin a mi primer
día de trabajo como cualquier Madrileña: tarde y de mal humor!
Primera parada al
entrar al edificio: “sala de aseo” para tratar amansar la reflexión que me
mandaba del espejo.
Segunda parada el
servidor de café, el cual no pude hacer funcionar por problemas técnicos…osea
vil ignorancia provinciana.
Lo primero en la
agenda después de presentarme al jefe con doble besito, fue ser presentada a
todo el grupo, las chicas mirándome de abajo para arriba calculando a cuanta
distancia me debía mantener, y los chicos, según edades, también mirándome de
arriba para abajo, me imagino también haciendo alguna clase de cálculo.
Los desayunos de
la cafetería exquisitos aunque no he podido salirme de tostada de pan
normal con mermelada, pues las otras opciones que vienen con el especial de
café y el zumo natural de naranja, no las entiendo, sin importar cuantas veces
le pido a la chica de la cafetería que me las repita, lo cual hace igual de
rápido, usando las mismas palabras pero más duro, como si el problema fuera de
sordera.
Los Colombianos
de la oficina ya se reportaron, y gracias a ellos pase un fin de semana de
puente muy agradable paseando por pueblos aledaños, caminando por el centro
turístico y charlando acerca de nuestras diferencias y semejanzas con los
Españoles, claro, pasito para que no nos escucharan, solo las carcajadas que
pegábamos anunciaban nuestra presencia y origen richarachero...
Total ya llevo
una semana en mi nuevo trabajo, feliz he incrédula a la vez de mi suerte de
haber caído en semejante lugar por estar acostumbrada a trabajar en los huecos
del mundo, Madrid es un sueño hecho realidad.
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